Señora de rojo sobre fondo gris. Miguel Delibes.
En esta breve novela, un pintor escribe a su hija, encarcelada durante los últimos coletazos del régimen franquista, acerca de lo que su madre supuso para él a lo largo de su vida. Y describe una mujer que vivió para la promoción de él como artista y que "con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir".
Es una novela que, sin caer en sentimentalismos, transmite amor familiar, felicidad compartida y por parte de él, agradecimiento a la que fuera su compañera durante tantos años. Hay también algunas párrafos sobresalientes dirigidos hacia la profesión médica en los que el protagonista contrasta modos de comunicar la enfermedad y otros que destacan el cuidado del enfermo hacia el sano y la ruptura del contraproducente silencio que muchas veces precede a los pronósticos infaustos.
Destaca la felicidad de los momentos compartidos entre dos personas que se quieren simplemente estando juntos: "aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad".
Habla también de la satisfacción de haber cumplido gran parte de los compromisos adquiridos durante la vida y también de algunos sentimientos de culpa que perduran: "El pecado es la conciencia, y la mía no está tranquila".
Y finalmente, habla del disfrute de la vida hasta la muerte, como proclama el verso de Ungaretti: "No vivir del lamento, como un jilguero cegado"
A mi juicio, una novela que cuesta comenzar, pero cuyo interés es creciente hasta el final. Los maestros lo son por algo.
Fantástica, ¡cómo me gustó cuando la leí!
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