Una novela....¿negra?. Más bien diría que no. Podría descubrir el final sin arruinar su lectura, aunque prefiero no hacerlo. Creo que Truman Capote no quiso otra cosa más que describir los personajes y que el lector se preguntase muchas cosas: ¿Porqué esos asesinatos?,¿cómo se llega a una situación personal en la que se pueden cometer de una forma tan brutal?, ¿acaso por pertenecer a familias desestructuradas, por ser enfermos psicóticos, por la sucesión de contratiempos o desilusiones a lo largo de la vida?... ¿o por pertenecer a una sociedad excesivamente individualista?.
Durante su lectura, cuando empezamos a preguntarnos el desenlace de cualquier capítulo, el autor nos lo da a conocer. Por tanto, no hay intriga, puesto que Capote nos descubre enseguida el final. Pero no sabemos cómo ocurrirá, y sobre todo no sabemos ni sabremos con certeza el porqué. La descripción de los personajes, de su trayectoria vital, de sus ilusiones y de su forma de actuar nos puede llevar a cada lector a una respuesta distinta y personal, y creo que aquí está el gran mérito de la novela.
Una familia muy respetable de un pueblo de Kansas, dos asesinos y unos pocos personajes más necesarios para completar el elenco nos ponen a pensar acerca de la familia, de la pena capital, de la posibilidad de reinserción a pesar de haber cometido crímenes horrendos, de la construcción de una sociedad que no acepta al diferente y de la capacidad de adaptación de ese diferente ante el mundo que le rodea. Todo se expone además en una novela ambientada en los años 60 en Estados Unidos, y es de interés especial saber que ya por entonces se debatía acerca de todos estos temas, no tan nuevos como podamos creer.
Hay que comenzar la lectura con paciencia, puesto que no es trepidante, aunque trate de crímenes. La ambientación es necesaria y hay que esperar bastantes páginas hasta crearla adecuadamente, pero a partir de entonces...es interesante...bastante interesante.