sábado, 15 de agosto de 2026

El Enfermo Imaginario. El Médico a Palos. Molière.

 El Enfermo Imaginario. El Médico a Palos. 
Molière


Un libro que ha reposado literalmente casi toda la vida en la biblioteca familiar, puesto que fue editado en 1969, esperando su lectura. Y ya le ha tocado.

El Enfermo Imaginario me ha parecido sencillamente genial. Es una peculiar sátira no sólo acerca de los médicos de su tiempo, aficionados a jergas incomprensibles y a falsas creencias no comprobadas aunque afines a la tradición, sino también de todos esos enfermos imaginarios que existían y existen, y que tanto ayer como hoy “médicos poco doctos y ligeros alivian con grandes latinajos el terrible dolor que les enloquece”.

Muchos doctores de esos quedan ahora y se aprovechan de la ignorancia de los enfermos imaginarios, aunque… ¿qué hacer si quieren seguir siéndolo? En estos casos, como dice la criada Antoñita, “vaya si son impertinentes al querer que vosotros les curéis; sólo estáis allí para cobrar vuestros emolumentos y recetarles remedios: es a ellos a quien toca curarse si es que pueden”. Y es que si bien Argan, el enfermo imaginario de la obra argumenta que “gentes sabias y listas, cuando están enfermos recurren a los médicos”, estas consultas son según su hermano Beraldo “una prueba de la debilidad humana, y no de la verdad de su arte”.

Bien es verdad que hoy por hoy, con la existencia y aplicación del método científico, en gran medida ya no son las cosas así, pero sí lo son en las numerosas ocasiones en las que la ciencia no puede responder a las dolencias, enfermedades o incluso a quejas sin solución inherentes al hecho de vivir, y a las que supuestos sanadores responden con mera charlatanería disfrazada de pseudociencia. Y apenas hay que tirar del hilo para encontrarla por todas partes.

Molière escribió esta obra en las puertas de su muerte y sabiéndose muy enfermo. Desde luego, supo reírse del mundo, y eso lo hace todavía más admirable.

En cuanto al Médico a Palos, es una obra más corta y según el prólogo al libro fue adaptada y acortada en el S. XIX por Leandro Fernández de Moratín para el público español. No sé cómo sería la obra original, pero esta adaptación no está para nada exenta de gracia. Celos, amoríos, el interés por el dinero y la debilidad de los padres por las hijas, vuelven a aparecer, como también lo hicieron en El Enfermo Imaginario. Pero sin duda, lo que hace que las dos obras no desentonen en un mismo libro es de nuevo el concepto del médico de la época, del que la gente forma una opinión de docto “no por lo que realmente sabe, sino por el concepto que forma de ellos la ignorancia de los demás”.

¿Y por qué leer una obra de teatro del S. XVII? Porque me parece rabiosamente actual, y sencillamente genial. Las personas apenas hemos cambiado en 350 años. Molière se atrevió a criticar a personajes no sólo de su época sino universales e intemporales. 

Si lo llego a saber, lo leo antes. 


El Enfermo Imaginario. El Médico a Palos. Molière.

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