El Enfermo Imaginario. El Médico a Palos.
Molière
Un libro que ha reposado literalmente
casi toda la vida en la biblioteca familiar, puesto que fue editado en 1969, esperando
su lectura. Y ya le ha tocado.
El Enfermo Imaginario me ha
parecido sencillamente genial. Es una peculiar sátira no sólo acerca de los
médicos de su tiempo, aficionados a jergas incomprensibles y a falsas creencias
no comprobadas aunque afines a la tradición, sino también de todos esos
enfermos imaginarios que existían y existen, y que tanto ayer como hoy “médicos poco doctos y ligeros alivian con
grandes latinajos el terrible dolor que les enloquece”.
Muchos doctores de esos quedan
ahora y se aprovechan de la ignorancia de los enfermos imaginarios, aunque… ¿qué
hacer si quieren seguir siéndolo? En estos casos, como dice la criada Antoñita,
“vaya si son impertinentes al querer que
vosotros les curéis; sólo estáis allí para cobrar vuestros emolumentos y
recetarles remedios: es a ellos a quien toca curarse si es que pueden”. Y
es que si bien Argan, el enfermo imaginario de la obra argumenta que “gentes sabias y listas, cuando están
enfermos recurren a los médicos”, estas consultas son según su hermano
Beraldo “una prueba de la debilidad
humana, y no de la verdad de su arte”.
Bien es verdad que hoy por
hoy, con la existencia y aplicación del método científico, en gran medida ya no
son las cosas así, pero sí lo son en las numerosas ocasiones en las que la
ciencia no puede responder a las dolencias, enfermedades o incluso a quejas sin
solución inherentes al hecho de vivir, y a las que supuestos sanadores responden
con mera charlatanería disfrazada de pseudociencia. Y apenas hay que tirar del
hilo para encontrarla por todas partes.
Molière escribió esta obra en
las puertas de su muerte y sabiéndose muy enfermo. Desde luego, supo reírse del
mundo, y eso lo hace todavía más admirable.
En cuanto al Médico a Palos, es
una obra más corta y según el prólogo al libro fue adaptada y acortada en el S.
XIX por Leandro Fernández de Moratín para el público español. No sé cómo sería
la obra original, pero esta adaptación no está para nada exenta de gracia. Celos,
amoríos, el interés por el dinero y la debilidad de los padres por las hijas,
vuelven a aparecer, como también lo hicieron en El Enfermo Imaginario. Pero sin
duda, lo que hace que las dos obras no desentonen en un mismo libro es de nuevo
el concepto del médico de la época, del que la gente forma una opinión de docto
“no por lo que realmente sabe, sino por
el concepto que forma de ellos la ignorancia de los demás”.
¿Y por qué leer una obra de
teatro del S. XVII? Porque me parece rabiosamente actual, y sencillamente
genial. Las personas apenas hemos cambiado en 350 años. Molière se atrevió a
criticar a personajes no sólo de su época sino universales e intemporales.
Si lo llego a saber, lo leo antes.
Pues me lo apunto, no creo que tarde mucho en leerlo. Una sugerencia fantástica. Es cierto que hemos cambiado bien poco, la tecnología que utilizamos quizás, pero en esencia....el resultado es el mismo. Un abrazo.
ResponderEliminarCompletamente de acuerdo💜
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